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Editorial Número
05
Durante el recién pasado XVI Congreso Nacional de Arqueología
Chilena (Tomé, 2003), se llamó la atención sobre
la gran cantidad de ponencias cuya área de estudio correspondía
a un mismo valle. A pesar de ser Chile un país de cientos de cuencas
fluviales de escurrimiento entre los Andes y el océano Pacífico,
cerca de un cuarto de los trabajos de los distintos simposios y paneles
se limitaban a la hoya hidrográfica del río Choapa (figura
1). Esto, lejos de constituirse en una preocupación, se tradujo
en un estímulo que motivó la realización de una instancia
de discusión, esta vez específicamente centrada en exponer
y debatir

Figura
1. Mapa del área arqueológica del Choapa. Modificado desde
S. Rivano y P. Sepúlveda, 1991. Hoya de Illapel. Región
de Coquimbo. Carta Geológica de Chile 69. Servicio Nacional de
Geología y Minería, Santiago.
el desarrollo de las investigaciones en curso en la zona de nuestro interés.
Durante los días 26 y 27 de Agosto del 2004, y gracias al apoyo
desinteresado de la Universidad Internacional SEK y su Área de
Arqueología, adscrita a la Facultad de Estudios del Patrimonio
Cultural, fue posible participar en una "puesta al día"
de las líneas de trabajo desarrolladas en la arqueología
de esta área. Su intención fue recibir contribuciones de
los más variados ámbitos, distintas cronologías,
temas de estudio, tipos dematerialidad, teoría y método,
estudios de caso, perspectivas interpretativas, valoración del
patrimonio, conservación, entre otros temas.
Integrando
la Arqueología del Choapa en el Norte Semiárido, fue una
primera instancia exitosa, donde recibimos un total de 25 exposiciones
de alto nivel y que, sin duda, abrieron puertas a nuevas formas de comprender
y conceptuar la prehistoria del área.
La
discusión, si bien variada, se centró en un debate abierto
sobre qué es "El Choapa" como unidad arqueológica,
intentando cuestionar antiguas concepciones, hoy por hoy inadecuadas,
como son las de "área de transición" o "marginal".
¿Es una hoya hidrográfica?, ¿una zona entre latitudes
definidas?, ¿un segmento de transición ambiental?, ¿una
praxis arqueológica? o bien ¿un área meridional del
norte semiárido donde un conjunto de arqueólogos y amigos
nos hemos permitido la realización de un trabajo en armonía
y con interés común en la construcción del conocimiento
prehistórico?
Lo
cierto es que se llegó a consenso sobre lo siguiente: a) los límites
geopolíticos (nacionales e internacionales) son sólo limitantes
en la interpretación espacial de las tendencias observadas y b)
el área comparte configuraciones de mayor proximidad con distintos
sectores culturales limítrofes, a lo largo de su historia. Como
ejemplo de lo anterior, durante el Arcaico Temprano, las poblaciones se
asemejan a los grupos que habitaron una larga franja costera que se extendió
hasta el norte árido. Llegado el Holoceno medio, los cazadores
recolectores migraron activamente entre una y otra vertiente de los Andes
e iniciado el Holoceno tardío, se establecieron con mayor permanencia
en la costa del Choapa, asemejándose a los grupos de Chile central.
Una vez incorporada la cerámica, los grupos del Periodo Alfarero
Temprano comparten elementos culturales con los valles del Aconcagua,
La Ligua-Petorca y la vertiente oriental de los Andes, configurándose
un área de cotradición que se prolongó en el tiempo.
Con la aparición de la Cultura Diaguita cambia el panorama, ya
que los grupos del Choapa establecieron una fuerte relación con
aquellos del resto del Norte Chico, situación que se extendió
hasta los momentos finales de la secuencia prehistórica. Esta relación
variable entre norte, sur y este, ha derivado en una arqueología
muy rica en contenidos, los cuales recién estamos empezando a develar.
Asimismo,
se rescató la importancia de una crítica hacia nuestras
proposiciones y la necesidad de un mayor nivel de desarrollo de perspectivas
interpretativas, que permitan dar el salto cualitativo a la comprensión
de los acontecimientos pretéritos, sobre bases científicas
rigurosas e ideas imaginativas. En este sentido, pese a todo el trabajo
realizado, uno de los problemas observados es la ausencia de un modelo
interpretativo que aborde la transición entre los periodos Arcaico
Tardío y Alfarero Temprano. Así también, no es menor
el escaso desarrollo de las investigaciones bioantropológicas en
la actualidad.
Por
otro lado, uno de los resultados más inmediatos del taller fue
la reunión de una batería de dataciones absolutas que posibilitan
afinar la secuencia histórico-cultural en el valle del Choapa.
Éstas, sin duda, repercuten en la forma de entender múltiples
aspectos de la prehistoria en el Norte Chico. Tal secuencia se presenta
en forma calibrada en la figura 2, y no tiene mayor pretensión
que exponer sintéticamente los resultados cronológicos de
dos equipos arqueológicos, que ven como necesario compartir su
información en pos de construir el conocimiento regional.
Sin
embargo, el resultado más significativo ha sido verter nuestras
investigaciones y esfuerzos en la forma de una publicación. Revista
Werken (Arqueología, Antropología e Historia) aceptó
el desafío de publicar estos trabajos como el número del
año 2004. En este volumen se presentan los resúmenes extendidos
de las exposiciones del taller, generando un documento que cristaliza
el momento que estamos viviendo en la arqueología del Choapa. Se
eligió este formato a fin de permitir un espacio a la totalidad
de las contribuciones. Agradecemos a cada uno de los autores, especialmente
en su esfuerzo de síntesis.
El
volumen se organiza en orden cronológico, habiéndose dejado
temas más específicos hacia el final, especialmente en lo
que respecta al arte rupestre, que bien podría corresponder a una
sección independiente. D. Jackson y C. Méndez proponen una
discusión metodológica para aproximarse al problema

Figura 2. Cronología cultural de la cuenca del Choapa. Periodo
Paleoindio entre los 16700 y 12900 años cal. AP.; Complejo Cultural
Huentelauquén entre los 13400 y 9500 años cal. AP.; Complejo
Cultural Papudo-Los Morrilos entre los 7700 y 4200 años cal. AP.;
Complejo Cultural Los Vilos entre los 4000 y 2000 años cal. AP.;
Periodo Alfarero Temprano entre los 2000 a 400 años cal. AP. o
50 AC. a 1550 DC.; Cultura Diaguita Pre Inca entre los 1100 a 500 años
cal. AP. o 850 a 1350 DC.; Cultura Diaguita Incaica entre los 600 a 400
cal. AP. o 1250 a 1450 DC. y las ocupaciones históricas del 400
AP. o 1450 DC. en adelante. Todas las dataciones radiocarbónicas
fueron calibradas con el programa Ox Cal vers. 3.5, Bronk Ramsey (2000)
©, con información ambiental de M. Stuiver, P. Reimer y T.
Brazuiunas, 1998. High-precision radiocarbon age calibration for terrestrial
and marine simples. Radiocarbon 40(3):1127-1151. Las dataciones por termoluminicencia,
que componen principalmente la secuencia alfarera, fueron comparadas directamente,
ya que no se ajustan a los mismos parámetros que las primeras.
«Las figuras no están dibujadas a escala».
del primer poblamiento del Choapa a partir de la generación de
preguntas de investigación y criticando el desarrollo de trabajos
que parten de hallazgos fortuitos. P. López, R. Labarca y L. Núñez,
reevaluaron críticamente las evidencias óseas del contexto
más temprano del yacimiento clásico de Quereo; su labor
sugiere interesantes argumentos de agencia humana en la depositación
de la fauna extinta. P. Galarce expuso un modelo de aprovisionamiento
de materias primas para el Complejo Cultural Huentelaquén en el
Choapa, integrando una caracterización regional de los paisajes
líticos. M. Lucero presenta los resultados de un trabajo sistemático
de experimentación y contraste arqueológico, que posiciona
a las valvas de moluscos como potenciales instrumentos de procesamiento
de los habitantes del Holoceno temprano. Por su parte, C. Méndez,
J. Torres, P. López, F. Fernández y G. Rojas discuten el
valor de la excavación en área en la interpretación
arqueológica mediante los trabajos conducidos en un sitio costero
de 4000 años en la costa de Los Vilos. D. Pavlovic abordó
el tema largamente olvidado del Periodo Alfarero Temprano en el interior
del Choapa; en su trabajo, integra diversas líneas de evidencia
y explicita ciertos problemas claves para este segmento cronológico.
L. Sanhueza, D. Baudet, D. Jackson y L. Contreras unificaron investigaciones
en función de resolver el problema de la presencia de cerámica
Agrelo-Calingasta, propia de la vertiente oriental de los Andes, en distintos
espacios costeros e interiores del área de estudio. C. Belmar y
L. Quiroz presentaron resultados de investigaciones comparativas para
distintos momentos del final de la secuencia alfarera, contemplando la
identificación de carporrestos y sus implicancias para el consumo
de las poblaciones de Illapel y Chalinga. A. Troncoso discute el problema
de la presencia Incaica en la zona y las modificaciones contextuales que
se dan entre los períodos Intermedio Tardío y Tardío.
P. González, en la misma línea, se centra en la caracterización
de los patrones decorativos cerámicos del período Inca en
el Choapa y sus implicancias. S. Yakuba y F. Gutiérrez presentan
los resultados del análisis lítico conducido sobre muestras
de yacimientos Inca, materialidad frecuentemente ausente en las discusiones
prehistóricas de dicho periodo. L. Cornejo y D. Jackson, abordan
una perspectiva espacial en un transecto entre la costa y el interior,
revelando una situación de alternancia y tensión entre los
centros de mayor intensidad de ocupación del espacio, a lo largo
de toda la secuencia regional. D. Jackson y C. Méndez, en Los Vilos,
y C. Borie, A. Duarte y N. Lira, en Pichidangui, abordaron el tema de
las ocupaciones litorales de las poblaciones actuales y sus manifestaciones
materiales. Las perspectivas etnoarqueológicas, contemplaron, en
el primer caso, una propuesta de taxonomía del asentamiento y,
en el segundo, una exposición de los resultados de los primeros
trabajos conducidos en el sector. J. Hernández, expuso los resultados
de una aproximación inicial a una tafonomía regional en
el área de Combarbalá, destacando las potenciales implicancias
y expectativas para el registro arqueológico. En una línea
diferente, aunque en la misma área, B. Ladrón de Guevara,
a través de un trabajo de diagnóstico de conservación,
identificó los variados agentes que afectan el registro y condicionan
su preservación.
El
último conjunto de trabajos se refieren en su totalidad al arte
rupestre del Choapa, una de las manifestaciones arqueológicas más
conocidas y frecuentes en el área. A. Guerra discute las características
formales y la disposición espacial de un conjunto de soportes rupestres
en el curso medio e inferior del río Choapa. D. Artigas y G. Cabello
tratan el tema de las representaciones zoomorfas en los grabados del área,
ampliando su análisis más allá de los camélidos,
lo que les permite reconocer una amplia fauna presente en los petroglifos.
A. Troncoso revisa las características de un conjunto de representaciones
para discutir sus asociaciones cronológicas, intentando adscribir
algunas a la Cultura Diaguita. P. Bustamante aborda el problema de la
relación entre el arte rupestre y astronomía, presentando
algunos casos donde se dan asociaciones significativas entre esta materialidad
y fenómenos celestes. D. Artigas analiza los sitios con petroglifos
de Canelillo, discutiendo el uso diferencial que habría tenido
tal espacio durante los diferentes momentos de la prehistoria y la relación
entre disposición de bloques y los grabados. Finalmente, A. Guerra
presenta el plan de manejo implementado para la puesta en valor de los
petroglifos de El Coligüe, labor efectuada en el marco de un proyecto
FONDART dirigido por su persona.
Este
volumen se financió a partir de la contribución de todos
los participantes, aportes de Revista Werken, la Universidad Internacional
SEK y el apoyo de Donald Jackson y Cristián Becker, quienes a través
de sus proyectos FONDECYT (1030585 y 1040154, respectivamente), permitieron
unificar temas tan lejanos como los primeros asentamientos de la costa
hasta las últimas ocupaciones prehispánicas del interior.
Muchos de los trabajos aquí vertidos fueron producto de investigaciones
financiadas por éstos y otros proyectos (FONDECYT, FONDART, DID-Universidad
de Chile, Estudios de Impacto Ambiental), algunos en actual desarrollo.
Queremos
finalmente reiterar nuestros agradecimientos a quienes hicieron posible
la exitosa realización de este encuentro: Eva Flandes, Decano de
la Facultad de Patrimonio Cultural de la Universidad Internacional SEK;
la Sociedad Chilena de Arqueología; las entidades patrocinantes
de los proyectos FONDECYT de arqueología en el Choapa: Departamento
de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad
de Chile, el Museo de Historia Natural de Valparaíso y el Centro
Nacional de Conservación y Restauración, ambos de la Dirección
de Bibliotecas, Archivos y Museos; a los estudiantes de la carrera de
Arqueología de la Universidad Internacional SEK quienes colaboraron
desinteresadamente con labores logísticas; a Diego Artigas por
nuestro hermoso afiche/portada; a Rafael Palacios, Director de Revista
Werken y a Ediciones LOM.
César Méndez y Andrés Troncoso
Editores
de este volumen
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