Viernes, 30 de Julio del 2010
 
 
 
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Editorial Número 05


Durante el recién pasado XVI Congreso Nacional de Arqueología Chilena (Tomé, 2003), se llamó la atención sobre la gran cantidad de ponencias cuya área de estudio correspondía a un mismo valle. A pesar de ser Chile un país de cientos de cuencas fluviales de escurrimiento entre los Andes y el océano Pacífico, cerca de un cuarto de los trabajos de los distintos simposios y paneles se limitaban a la hoya hidrográfica del río Choapa (figura 1). Esto, lejos de constituirse en una preocupación, se tradujo en un estímulo que motivó la realización de una instancia de discusión, esta vez específicamente centrada en exponer y debatir


Figura 1. Mapa del área arqueológica del Choapa. Modificado desde S. Rivano y P. Sepúlveda, 1991. Hoya de Illapel. Región de Coquimbo. Carta Geológica de Chile 69. Servicio Nacional de Geología y Minería, Santiago.

el desarrollo de las investigaciones en curso en la zona de nuestro interés. Durante los días 26 y 27 de Agosto del 2004, y gracias al apoyo desinteresado de la Universidad Internacional SEK y su Área de Arqueología, adscrita a la Facultad de Estudios del Patrimonio Cultural, fue posible participar en una "puesta al día" de las líneas de trabajo desarrolladas en la arqueología de esta área. Su intención fue recibir contribuciones de los más variados ámbitos, distintas cronologías, temas de estudio, tipos dematerialidad, teoría y método, estudios de caso, perspectivas interpretativas, valoración del patrimonio, conservación, entre otros temas.

Integrando la Arqueología del Choapa en el Norte Semiárido, fue una primera instancia exitosa, donde recibimos un total de 25 exposiciones de alto nivel y que, sin duda, abrieron puertas a nuevas formas de comprender y conceptuar la prehistoria del área.

La discusión, si bien variada, se centró en un debate abierto sobre qué es "El Choapa" como unidad arqueológica, intentando cuestionar antiguas concepciones, hoy por hoy inadecuadas, como son las de "área de transición" o "marginal". ¿Es una hoya hidrográfica?, ¿una zona entre latitudes definidas?, ¿un segmento de transición ambiental?, ¿una praxis arqueológica? o bien ¿un área meridional del norte semiárido donde un conjunto de arqueólogos y amigos nos hemos permitido la realización de un trabajo en armonía y con interés común en la construcción del conocimiento prehistórico?

Lo cierto es que se llegó a consenso sobre lo siguiente: a) los límites geopolíticos (nacionales e internacionales) son sólo limitantes en la interpretación espacial de las tendencias observadas y b) el área comparte configuraciones de mayor proximidad con distintos sectores culturales limítrofes, a lo largo de su historia. Como ejemplo de lo anterior, durante el Arcaico Temprano, las poblaciones se asemejan a los grupos que habitaron una larga franja costera que se extendió hasta el norte árido. Llegado el Holoceno medio, los cazadores recolectores migraron activamente entre una y otra vertiente de los Andes e iniciado el Holoceno tardío, se establecieron con mayor permanencia en la costa del Choapa, asemejándose a los grupos de Chile central. Una vez incorporada la cerámica, los grupos del Periodo Alfarero Temprano comparten elementos culturales con los valles del Aconcagua, La Ligua-Petorca y la vertiente oriental de los Andes, configurándose un área de cotradición que se prolongó en el tiempo. Con la aparición de la Cultura Diaguita cambia el panorama, ya que los grupos del Choapa establecieron una fuerte relación con aquellos del resto del Norte Chico, situación que se extendió hasta los momentos finales de la secuencia prehistórica. Esta relación variable entre norte, sur y este, ha derivado en una arqueología muy rica en contenidos, los cuales recién estamos empezando a develar.

Asimismo, se rescató la importancia de una crítica hacia nuestras proposiciones y la necesidad de un mayor nivel de desarrollo de perspectivas interpretativas, que permitan dar el salto cualitativo a la comprensión de los acontecimientos pretéritos, sobre bases científicas rigurosas e ideas imaginativas. En este sentido, pese a todo el trabajo realizado, uno de los problemas observados es la ausencia de un modelo interpretativo que aborde la transición entre los periodos Arcaico Tardío y Alfarero Temprano. Así también, no es menor el escaso desarrollo de las investigaciones bioantropológicas en la actualidad.

Por otro lado, uno de los resultados más inmediatos del taller fue la reunión de una batería de dataciones absolutas que posibilitan afinar la secuencia histórico-cultural en el valle del Choapa. Éstas, sin duda, repercuten en la forma de entender múltiples aspectos de la prehistoria en el Norte Chico. Tal secuencia se presenta en forma calibrada en la figura 2, y no tiene mayor pretensión que exponer sintéticamente los resultados cronológicos de dos equipos arqueológicos, que ven como necesario compartir su información en pos de construir el conocimiento regional.

Sin embargo, el resultado más significativo ha sido verter nuestras investigaciones y esfuerzos en la forma de una publicación. Revista Werken (Arqueología, Antropología e Historia) aceptó el desafío de publicar estos trabajos como el número del año 2004. En este volumen se presentan los resúmenes extendidos de las exposiciones del taller, generando un documento que cristaliza el momento que estamos viviendo en la arqueología del Choapa. Se eligió este formato a fin de permitir un espacio a la totalidad de las contribuciones. Agradecemos a cada uno de los autores, especialmente en su esfuerzo de síntesis.

El volumen se organiza en orden cronológico, habiéndose dejado temas más específicos hacia el final, especialmente en lo que respecta al arte rupestre, que bien podría corresponder a una sección independiente. D. Jackson y C. Méndez proponen una discusión metodológica para aproximarse al problema


Figura 2. Cronología cultural de la cuenca del Choapa. Periodo Paleoindio entre los 16700 y 12900 años cal. AP.; Complejo Cultural Huentelauquén entre los 13400 y 9500 años cal. AP.; Complejo Cultural Papudo-Los Morrilos entre los 7700 y 4200 años cal. AP.; Complejo Cultural Los Vilos entre los 4000 y 2000 años cal. AP.; Periodo Alfarero Temprano entre los 2000 a 400 años cal. AP. o 50 AC. a 1550 DC.; Cultura Diaguita Pre Inca entre los 1100 a 500 años cal. AP. o 850 a 1350 DC.; Cultura Diaguita Incaica entre los 600 a 400 cal. AP. o 1250 a 1450 DC. y las ocupaciones históricas del 400 AP. o 1450 DC. en adelante. Todas las dataciones radiocarbónicas fueron calibradas con el programa Ox Cal vers. 3.5, Bronk Ramsey (2000) ©, con información ambiental de M. Stuiver, P. Reimer y T. Brazuiunas, 1998. High-precision radiocarbon age calibration for terrestrial and marine simples. Radiocarbon 40(3):1127-1151. Las dataciones por termoluminicencia, que componen principalmente la secuencia alfarera, fueron comparadas directamente, ya que no se ajustan a los mismos parámetros que las primeras. «Las figuras no están dibujadas a escala».

del primer poblamiento del Choapa a partir de la generación de preguntas de investigación y criticando el desarrollo de trabajos que parten de hallazgos fortuitos. P. López, R. Labarca y L. Núñez, reevaluaron críticamente las evidencias óseas del contexto más temprano del yacimiento clásico de Quereo; su labor sugiere interesantes argumentos de agencia humana en la depositación de la fauna extinta. P. Galarce expuso un modelo de aprovisionamiento de materias primas para el Complejo Cultural Huentelaquén en el Choapa, integrando una caracterización regional de los paisajes líticos. M. Lucero presenta los resultados de un trabajo sistemático de experimentación y contraste arqueológico, que posiciona a las valvas de moluscos como potenciales instrumentos de procesamiento de los habitantes del Holoceno temprano. Por su parte, C. Méndez, J. Torres, P. López, F. Fernández y G. Rojas discuten el valor de la excavación en área en la interpretación arqueológica mediante los trabajos conducidos en un sitio costero de 4000 años en la costa de Los Vilos. D. Pavlovic abordó el tema largamente olvidado del Periodo Alfarero Temprano en el interior del Choapa; en su trabajo, integra diversas líneas de evidencia y explicita ciertos problemas claves para este segmento cronológico. L. Sanhueza, D. Baudet, D. Jackson y L. Contreras unificaron investigaciones en función de resolver el problema de la presencia de cerámica Agrelo-Calingasta, propia de la vertiente oriental de los Andes, en distintos espacios costeros e interiores del área de estudio. C. Belmar y L. Quiroz presentaron resultados de investigaciones comparativas para distintos momentos del final de la secuencia alfarera, contemplando la identificación de carporrestos y sus implicancias para el consumo de las poblaciones de Illapel y Chalinga. A. Troncoso discute el problema de la presencia Incaica en la zona y las modificaciones contextuales que se dan entre los períodos Intermedio Tardío y Tardío. P. González, en la misma línea, se centra en la caracterización de los patrones decorativos cerámicos del período Inca en el Choapa y sus implicancias. S. Yakuba y F. Gutiérrez presentan los resultados del análisis lítico conducido sobre muestras de yacimientos Inca, materialidad frecuentemente ausente en las discusiones prehistóricas de dicho periodo. L. Cornejo y D. Jackson, abordan una perspectiva espacial en un transecto entre la costa y el interior, revelando una situación de alternancia y tensión entre los centros de mayor intensidad de ocupación del espacio, a lo largo de toda la secuencia regional. D. Jackson y C. Méndez, en Los Vilos, y C. Borie, A. Duarte y N. Lira, en Pichidangui, abordaron el tema de las ocupaciones litorales de las poblaciones actuales y sus manifestaciones materiales. Las perspectivas etnoarqueológicas, contemplaron, en el primer caso, una propuesta de taxonomía del asentamiento y, en el segundo, una exposición de los resultados de los primeros trabajos conducidos en el sector. J. Hernández, expuso los resultados de una aproximación inicial a una tafonomía regional en el área de Combarbalá, destacando las potenciales implicancias y expectativas para el registro arqueológico. En una línea diferente, aunque en la misma área, B. Ladrón de Guevara, a través de un trabajo de diagnóstico de conservación, identificó los variados agentes que afectan el registro y condicionan su preservación.

El último conjunto de trabajos se refieren en su totalidad al arte rupestre del Choapa, una de las manifestaciones arqueológicas más conocidas y frecuentes en el área. A. Guerra discute las características formales y la disposición espacial de un conjunto de soportes rupestres en el curso medio e inferior del río Choapa. D. Artigas y G. Cabello tratan el tema de las representaciones zoomorfas en los grabados del área, ampliando su análisis más allá de los camélidos, lo que les permite reconocer una amplia fauna presente en los petroglifos. A. Troncoso revisa las características de un conjunto de representaciones para discutir sus asociaciones cronológicas, intentando adscribir algunas a la Cultura Diaguita. P. Bustamante aborda el problema de la relación entre el arte rupestre y astronomía, presentando algunos casos donde se dan asociaciones significativas entre esta materialidad y fenómenos celestes. D. Artigas analiza los sitios con petroglifos de Canelillo, discutiendo el uso diferencial que habría tenido tal espacio durante los diferentes momentos de la prehistoria y la relación entre disposición de bloques y los grabados. Finalmente, A. Guerra presenta el plan de manejo implementado para la puesta en valor de los petroglifos de El Coligüe, labor efectuada en el marco de un proyecto FONDART dirigido por su persona.

Este volumen se financió a partir de la contribución de todos los participantes, aportes de Revista Werken, la Universidad Internacional SEK y el apoyo de Donald Jackson y Cristián Becker, quienes a través de sus proyectos FONDECYT (1030585 y 1040154, respectivamente), permitieron unificar temas tan lejanos como los primeros asentamientos de la costa hasta las últimas ocupaciones prehispánicas del interior. Muchos de los trabajos aquí vertidos fueron producto de investigaciones financiadas por éstos y otros proyectos (FONDECYT, FONDART, DID-Universidad de Chile, Estudios de Impacto Ambiental), algunos en actual desarrollo.

Queremos finalmente reiterar nuestros agradecimientos a quienes hicieron posible la exitosa realización de este encuentro: Eva Flandes, Decano de la Facultad de Patrimonio Cultural de la Universidad Internacional SEK; la Sociedad Chilena de Arqueología; las entidades patrocinantes de los proyectos FONDECYT de arqueología en el Choapa: Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, el Museo de Historia Natural de Valparaíso y el Centro Nacional de Conservación y Restauración, ambos de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos; a los estudiantes de la carrera de Arqueología de la Universidad Internacional SEK quienes colaboraron desinteresadamente con labores logísticas; a Diego Artigas por nuestro hermoso afiche/portada; a Rafael Palacios, Director de Revista Werken y a Ediciones LOM.


César Méndez y Andrés Troncoso

Editores de este volumen

 
 
 
 
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